En este artículo pretendo mostrar brevemente y de forma práctica, basado en la experiencia acumulada en mi actividad profesional en Avanzo, las ventajas que un proceso de gamificación puede aportar a cualquier organización, con independencia de su sector, tamaño o actividad, en el ámbito de las ventas.

En definitiva, por qué y cómo usar la gamificación para aumentar las ventas.

Empecemos por aclarar lo que significa el termino “gamificación“. ¿has oído hablar de él? ¿lo has usado alguna vez en tu empresa? Si es así, probablemente pertenezcas al sector profesional de RRHH o formación, o tal vez estés relacionado con la actividad comercial… o la dirección de la empresa.

Si no perteneces a alguno de estos sectores probablemente, ni siquiera hayas oído qué es la gamificación. En cualquier caso, pertenezcas o no a esos colectivos, hayas oído ya hablar de este concepto o no, este artículo te va a interesar porque aprenderás lo que es y cómo puede emplearse en tu empresa para mejorar algunas funciones y tareas que toda organización desarrolla en su actividad diaria.

 

¿Qué es la gamificación?

 

La gamificación (gamification en inglés) es el empleo de mecánicas de juego en entornos no lúdicos, con el fin de potenciar las ventajas que el uso de juegos aportan a las personas.

Gamificar una actividad, por tanto, es hacerla divertida, amena y participativa, situando a las personas como protagonistas de un juego con un objetivo predefinido.

Cuando hablamos de gamificar, de gamificación, no hablamos simplemente de jugar, sino de cómo podemos aplicar en la empresa las ventajas que los juegos nos aportan a nivel personal (diversión, descanso, placer, adicción…). Está claro que todos jugamos, todos hemos jugado y seguiremos jugando, como parte de nuestro aprendizaje individual y colectivo.

Para un niño, el juego, en sus primeras etapas evolutivas, es la herramienta más importante para adquirir conocimientos y ponerlos en práctica. A medida que crecemos parece que los juegos se convierten en algo no relacionado con el aprendizaje, sino con el simple ocio, pero esto no es cierto.

Ya siendo adultos, en muchas ocasiones sigue siendo una excelente manera de adquirir un aprendizaje muy efectivo, que perdura, ya que se basa en la propia experiencia; por el contrario, el aprendizaje mas formal se basa en adquirir conocimientos en base a procesos relacionados con la memoria, recordamos gran cantidad de datos en poco tiempo, los retenemos y los aplicamos a corto plazo, por ejemplo un examen, pero, ¿qué sentido tiene retener mucha información a corto plazo para perderla a medio y largo plazo?

 

Gamificando la empresa: jugar no es un tabú

 

Si hablamos de entornos empresariales y profesionales, jugar es casi un tabú. Hasta hace bien poco, a nadie se le ocurría hablar de juegos y empresas como algo útil para el desarrollo de las organizaciones. Más bien, y hablo de hace 3 años,  teníamos que buscar otros términos para ocultar la palabra juego. “¿Cómo voy a presentar un proyecto para jugar en la empresa? Mi jefe me va a…” este tipo de comentarios eran algo habitual a la hora de plantear una solución de gamificación para formar, cambiar hábitos, incentivar…

Pero si somos capaces de saltar estas barreras mentales, de aplicar las ventajas de los juegos y adaptarlas a las necesidades que un entorno profesional requiere, tendremos una poderosa herramienta, más potente de lo que nos creemos, en nuestras manos. No sería lógico descartarla, al menos antes de comprobar su eficacia, ¿no?

 

Vender… ¿se puede gamificar?

 

Vender, ¿qué es vender? Es obvio que todo el mundo sabe lo que es, pero tan extendido es el concepto, tan usado desde el principio de los tiempos, que en muchas ocasiones nos olvidamos de él.

Un error muy común en la mayoría de las organizaciones es pensar que las ventas dependen solo de un departamento, el comercial, y son los comerciales los únicos que venden. Aquí no hay duda: es un error. En una empresa en todos venden, desde el mejor de los comerciales, hasta la persona de recepción, pasando por fabricación, producción… y claro, dirección.

Vender es dedicar tiempo a otra personas, escucharlas, entender sus necesidades, descubrir qué es lo que necesitan y ofrecerles una solución adecuada. Vender, en definitiva, es convencer.

Todos vendemos, en nuestra vida personal y profesional. Vendemos cuando hablamos, cuando tenemos una reunión, una entrevista de trabajo… sea cual sea nuestra actividad profesional, estamos vendiendo cada día. Cuanto más cerca estemos del cierre de una venta más importante y trascendental es el aspecto de las habilidades comerciales. Un comercial, en contacto directo con la venta, con el cliente… tiene una importancia vital en el cierre de una operación pero también lo tiene, en menor medida al estar mas alejado del cierre de la operación, el recepcionista de la empresa, el técnico que resuelve una incidencia o un empleado de administración que reclama una factura.

Toda venta requiere un comprador, en la medida que el comprador esté satisfecho con el servicio recibido, el éxito estará mas o menos cerca. Esa sensación de satisfacción, no solo la proporciona el comercial de forma directa, sino todos y cada uno de los empleados que aportan la imagen de la empresa.

Si todos vendemos en una empresa (y está claro que es el fin último de toda organización, la rentabilidad), deberíamos asegurarnos de que todos saben vender, evitar carencias en esa área y ser mejores que la competencia. Hablamos de competitividad.

En conclusión, si a todos nos gusta jugar y todos necesitamos vender, aplicar procesos de juegos o gamificación para mejorar la competencia comercial de las personas entro de la empresa no solo es una buena idea: es algo en lo que deberíamos pensar de forma más directa y continuada.

Guillermo Gredilla