Por: Max Hamann L.
Gerente de la Oficina de Proyectos e Innovación
Avanzo

Cada vez con más convicción, tendemos a creer que hoy en día no basta con “existir” en una realidad; también hay que “existir” (es decir, tener un correlato) en “la otra realidad”: el universo digital. En el caso de las organizaciones dedicadas al aprendizaje y el conocimiento, esta necesidad es, si cabe, mayor, porque las acciones educativas y formativas, en casi cualquier modalidad, hacen uso de recursos digitales.

¿Existe una única expresión o una correcta para referirse a ese “correlato”, que consiste en un entorno web en el que una comunidad de personas lleva a cabo procesos de enseñanza, aprendizaje y gestión del conocimiento? La respuesta es categórica: no. Se emplean muchas expresiones (algunas mejores que otras), como por ejemplo:

 

  • Campus Virtual
  • Entorno Virtual de Aprendizaje
  • Aula Virtual
  • Plataforma de aprendizaje
  • Entorno social de aprendizaje
  • LMS (por las siglas de la expresión en inglés Learning Management System)

Se pueden incluir muchos más nombres, pero todos suelen referir a lo mismo: espacio web en el que los usuarios aprenden, enseñan y gestionan. Aunque esta última división en tres acciones es poco fina, ayuda a precisar aquello de lo que aquí se habla.

 

Aprender, enseñar, gestionar

Los que aprenden lo hacen de manera individual interactuando con ciertos contenidos autosuficientes o lo hacen, también, comunicándose con otras personas: los que enseñan y aquellos otros que también están aprendiendo. Esta comunicación suele llevarse a cabo de manera asincrónica, pero también puede producirse en tiempo real.

Los que enseñan ponen a disposición de los que aprenden un conjunto de recursos digitales, generalmente ordenados, y les proponen actividades para afianzar el conocimiento. Otra tarea usual entre los que enseñan es la evaluación: son quienes proponen test, pruebas, exámenes, etc., y determinan quiénes han cumplido con los objetivos de aprendizaje y quiénes no.

Los que gestionan se encargan de tener el entorno web actualizado: los usuarios adecuadamente inscritos, los recursos cargados y organizados, las comunicaciones planificadas o correctamente realizadas, el mantenimiento al día, etc.

Los entornos para el aprendizaje y el conocimiento se emplean en instituciones educativas (colegios, institutos, universidades, centros de formación profesional) empresas, instituciones públicas (ministerios, consejerías, etc.), organizaciones internacionales, etc.  Puede afirmarse que constituyen uno de los pilares de esa práctica que suele denominarse eLearning. Cuando se emplean en las escuelas, los institutos, las universidades o los centros de formación profesional, se habla de “educación basada en soportes digitales”. Cuando se emplea en empresas u organizaciones públicas, se habla, más bien, de “formación basada en soportes digitales”.

 

Funcionalidades de un entorno para el aprendizaje

Estos entornos incluyen una gran diversidad de funcionalidades (cada vez más), lo que enriquece el proceso de enseñanza y aprendizaje y el de gestión del conocimiento. Las más comunes son:

  • Creación y edición de itinerarios de contenidos y actividades para grupos e individuos
  • Diseño y desarrollo de contenidos multimedia interactivos
  • Compatibilidad con estándares: SCORM, AICC, Tin Can API (o xAPI), etc.
  • Comunicación sincrónica y asincrónica (mensajes de correo, chat, foros, audio chat, vídeo conferencia, etc.)
  • Creación de grupos privados y públicos para compartir recursos y crear contenidos
  • Elaboración y publicación de cuestionarios y encuestas
  • Opción de compartir, comentar y valorar recursos en entornos sociales (públicos, semipúblicos y privados)
  • Monitorización de la actividad de los usuarios y publicación de informes específicos
  • Gestión de repositorios de contenidos
  • Catalogación de contenidos
  • Reproducción de una enorme variedad de recursos digitales (con visores que abarcan desde texto hasta 3D)
  • Integración con sistemas de gestión (tanto ERP como CRM)
  • Gestión de permisos para los distintos perfiles antes mencionados (lo que amplía o restringe lo que determinados usuarios pueden hacer).

Además, la mayoría de ellos cuenta con versión móvil, con una experiencia de usuario adaptada a ella y con acceso desde cualquier dispositivo, sistema operativo o navegador.

Sean entornos de código abierto o propietarios, lo normal es que unos y otros contengan casi todas estas funcionalidades antes mencionadas. Sin embargo, unos se emplean más en educación y otros, más en la formación. ¿Son tan diferentes estos mundos, el educativo y el formativo? Aunque en ambos el objetivo último de cada actividad que se realiza es el aprendizaje y la gestión del conocimiento, es muy probable que la mayoría de las repuestas a esta pregunta apunten a que sí: son muy diferentes y ello genera que los entornos se especialicen. Por ejemplo, lo común es que Moodle se emplee en instituciones educativas y con menos frecuencia en empresas.

El caso de los entornos orientados a MOOCs es interesante. Algunos, como edX, se emplean tanto en instituciones educativas como en empresas. ¿Es un caso de mucha cercanía entre los mundos educativo y formativo? ¿Coursera o Lynda pueden ser ejemplo de ello? Quizá sean preguntas sobre las que valga la pena reflexionar. Y, por qué no, incluir en la reflexión el papel de Khan Academy, aunque sea claramente una aplicación educativa.

Por tanto, dicho lo anterior, uno de los valores distintivos de un entorno para el aprendizaje y la gestión del conocimiento sería su capacidad para adaptarse a las particularidades de la formación, a las de la educación o para lograr que predomine un enfoque sin excluir plenamente al otro.

Como tengo la oportunidad de ver de cerca un entorno como Conecto, puedo afirmar que es de las pocas o muy pocas aplicaciones que se distingue por dicho valor. Tiene, entre otras, dos virtudes especiales.

La primera es que puede ser considerado una especie de “mecano”, es decir, un conjunto de funcionalidades (muchas más de las arriba mencionadas) que se disponen y configuran a medida para cubrir las necesidades formativas o educativas del cliente. Sobre esta configuración, además, puede aplicarse el look and feel que se desee.

La segunda es su capacidad para “replicarse a sí mismo”: dependiendo de las características del usuario que ingresa en la aplicación, Conecto puede ser un entorno u otro totalmente distinto, porque permite tener varias configuraciones diferentes y tantos skins como se quiera para cada configuración. Con esta capacidad, un mismo entorno permite gestionar una gran cantidad y diversidad de usuarios, a los que se puede dar acceso a entornos diferentes según sus necesidades. Por ejemplo, puede estar configurado para una empresa de energía, para ofrecer formación para los empleados, gestionar conocimiento con grupos de interés y fomentar el aprendizaje no formal mediante comunidades activas de expertos. A la vez, se puede crear dentro un entorno con otra configuración y otro look and feel para que los hijos de los trabajadores que estén en primaria puedan acceder a cursos de apoyo escolar o a clases particulares de refuerzo.

Estas dos virtudes permiten que las instituciones encuentren en Conecto la posibilidad de conseguir una verdadera solución a sus necesidades.

Conecto es un correlato virtual tan potente y útil como se configure. Inclusive, en algunos casos, deja de ser solo ese correlato digital para pasar a convertirse en la “realidad principal”. Y quizá esta sea una tendencia que se vea cada vez más.