Una de las preocupaciones básicas que nos transmiten nuestros clientes a la hora de planificar y acometer cualquier plan de formación es encontrar los resortes que garanticen su aprovechamiento.

En este terreno, el e-learning no es distinto del resto de formaciones, cualquier modalidad elegida (formación presencial, formación a distancia, mixta u on-line) está sujeta a un objetivo: conseguir que los participantes acaben con éxito su formación. Para ello deberemos captar y mantener su interés durante todo el proceso formativo.

Podríamos desarrollar un largo artículo hablando de teorías de la motivación humana, de los modelos constructivistas de aprendizaje, o de la importancia de evaluar correctamente las necesidades formativas de cada participante, pero la idea de este post es bajar un peldaño y situarnos en el día a día del e-learning, recogiendo algunos factores que a lo largo de nuestra experiencia hemos constatado, nos ayudan mantener la motivación del alumnado.

 

Recursos técnicos

La tecnología no puede ser un problema. Es importante que los alumnos puedan acceder a su curso desde el primer momento y sin trabas técnicas, su primer contacto con la formación no debe suponer nunca una experiencia tecnológica frustrada y/o frustrante.

Para ello habrá que conocer qué dispositivos van a utilizar, elegir un curso y sistema de gestión de la formación que sea compatible con dichos dispositivos y hacer pruebas previas al inicio con el objetivo de realizar los ajustes necesarios. También puedes emplear otros recursos, como las redes sociales corporativas.

Además, se debe facilitar a los alumnos una información clara respecto a cómo acceder y manejar el entorno formativo, y poner a su alcance servicios rápidos y efectivos que den soporte al correcto uso de la aplicación.

Por otro lado, el entorno de trabajo y el curso a realizar, deben ser amigables. Un interface intuitivo y con elementos asimilables a nuestra vida cotidiana simplificará la navegación del usuario.

 

Información

Un alumno debe disponer de toda la información relevante para su curso de formación desde el primer momento.

Es importante que sepa cuándo empieza y cuándo acaba la formación, qué dispositivo debe usar para realizarla, las actividades que incluye, el sistema de evaluación, si va a tener un tutor y los medios de contacto con él, si va a tener un certificado al finalizar o no, etc.

No disponer de estos datos supone abordar una formación sin límites ni criterios, y el alumno requiere de ellos para establecer su marco de referencia, marcar sus propios objetivos y establecer su plan de trabajo. Facilitar esta información de forma tardía puede suponer un torrente de quejas y críticas, y el posible abandono del curso alegando la imposibilidad de cumplir con los requisitos.

Merece la pena dedicar tiempo a definir claramente todas estas cuestiones antes de empezar el curso, la improvisación nos puede abocar al fracaso.

 

Feedback

Feedback, feedback, feedback (No estás solo). Uno de los motivos de quejas más habituales por parte de los alumnos de formación e-learning es su sensación de soledad, y es necesario romper con ella. No se trata de facilitarles una dirección de mail por si necesitan algo, sino y mucho más importante, de responder a sus demandas en un plazo de tiempo razonable y de tomar la iniciativa en la comunicación.

Da igual el sistema por el que se opte, un curso sin servicios añadidos, un plan de formación con solo soporte técnico o un plan de tutorías completo, el alumno debe saber que puede plantear sus cuestiones a alguien, y que va a obtener respuesta.

En este contexto y desde nuestra experiencia, la mejor opción es la formación tutorizada, una buena tutorización debe ser proactiva, se anticipará a las necesidades del alumno y mantendrá una comunicación abierta con los participantes desde el primer día hasta el último; si además incluye metodologías colaborativas entre pares, el aislamiento social dejará de ser un elemento asociado a la formación on-line.

 

Utilidad

¿Y este curso para qué me sirve? Sin duda es una buena pregunta, pero la respuesta corre de manera trasversal por las 2 claves anteriores, información y feedback.

Puede que hayamos definido nuestro plan formativo tras una compleja evaluación de competencias y en base a los objetivos estratégicos de nuestra empresa, pero es necesario que el alumno vislumbre la utilidad que tiene para él, sí percibe que lo que está haciendo no le sirve para nada… será difícil mantener el interés.

Una buena política comunicativa de los objetivos y un tutor capaz de orientar a cada alumno hacía la aplicabilidad de lo aprendido pueden resultar cruciales para solventar este punto.

Un tutor especializado en e-learning debe estar capacitado para leer las características y necesidades de sus alumnos, y actuar en consecuencia, facilitando la traslación de lo aprendido a la realidad de cada uno de ellos.

 

Evaluar la satisfacción

Evaluar la satisfacción de los participantes desde el principio. Cada vez que asistimos a una formación, estamos acostumbrados a rellenar una encuesta final, pero si es cuando ha acabado ¿para qué le sirve a los alumnos?

No podemos esperar a conocer sus opiniones el último día del curso, en ese momento ya no hay vuelta atrás. Para el tercer día de formación, los participantes ya tienen una impresión de si lo que están haciendo se adecúa a sus expectativas y nosotros debemos saberlo.

Podemos plantear sistemas más o menos formales de recogida de datos, y por supuesto debemos analizar todos los comentarios que nos hagan llegar. Todas estas informaciones nos servirán para introducir medidas correctoras o de mejora que ayuden a aumentar el interés e implicación del alumnado.

En definitiva seamos flexibles, un plan formativo debe estar bien diseñado desde el principio, pero una formación es un ecosistema con vida propia en el que interactúan elementos cambiantes y en evolución constante, a los que se debería responder de modo adecuado en cada momento.

Amaia Marco
Jefa de Proyectos de Avanzo